|
FRAGMENTOS DE CARTAS ENTRE ROSALÍA E O SEU HOME, MANUEL MURGUÍA
Fragmento dunha carta enviada por Rosalía a Manuel Murguía
Mi querido Manolo: No debía escribirte hoy, pues tú que me dices lo haga yo
todos los días, escaseas las tuyas cuanto puedes, pues casualmente los dos días
peores que he tenido, hasta me aconteció la fatalidad de no recibir carta tuya.
Ya me vas acostumbrando, y como todo depende de la costumbre ya no hace tanto
efecto; sin embargo, estos días en que me encuentro enferma, como estoy más
susceptible lo siento más. Te perdono sin embargo, aunque sé que no tendrías hoy
otro motivo para no escribirme que el de algún paseíto con Indalecio, u otra
cosa parecida. Pero no reñiremos por esto, cuando tan desdichados somos ya. Yo
prosigo con mucha tos, mucha más que antes, aunque me cesaron los escalofríos.
Sin embargo, se me figura que este golpe ha sido demasiado fuerte y que si llego
a sanar, que no lo sé, me han de quedar restos y reliquias. Ya sabes que no soy
aprensiva y que cuando estoy buena no me acuerdo de que he estado enferma, pero
te aseguro que éste ha sido un golpe de lanza soberano, y que no sé cómo
quedaré. Te confieso que lo mismo me da, y que si en realidad llegase a ponerme
tísica lo único que querría es acabar pronto, porque moriría medio desesperada
al verme envuelta en gargajos, y cuanto más me durase el negocio peor. ¿Quién
demonio habrá hecho de la tisis una enfermidad poética? La enfermedad más
sublime de cuantas han existido, (después de hallarse uno bien con Dios) es una
apoplejía fulminante, o un rayo, que hasta impide, si ha herido como buen rayo,
que los gusanos se ceben en el cuerpo convertido en verdadera ceniza. Pero
dejemos de hablar de esto, puesto, que según todas las trazas, sea hoy, sea
mañana, más tarde o más temprano, pienso que tendré que morir despacio y a
modito, y sin duda será un bien, porque en realidad me hallo cada vez más
resignada, y por lo mismo menos a bien con Dios; y de este modo muriendo de
repente me irá muy mal.
Pero reflexionando en lo que te escribo veo que soy una loca, y tienes mucho que
perdonarme. Tú ya sabes que cuando estoy enferma me pongo de un humor del
diablo, todo lo veo negro, y añadiendo a esto, que no te veo, y nuestras
circunstancias malditas cien veces, con una bilis como la mía, no hay remedio
sino redactar una carta como esta, precisamente cuando va dirigida a la persona
que más se quiere en el mundo, y a la única a quien se le pueden decir estas
cosas. Perdóname, pues, y sobre todo no me hagas caso. Muchas veces he creído
que iba a morirme y aún estoy viva, y probablemente esta vez, si Dios quiere,
sucederá lo mismo.
Sigo tomando la leche de burra, pues el buen médico no me dijo ni oste ni moste,
ni me dio más remedio; hoy compraré otra botella de cerveza, y le regalaré a
esos ladrones con título 28 cuartos. Gallinas no quiero comprar más; lo mismo me
he de morir de un modo que de otro. Hoy cuando quise mandarte los libros ya era
tarde, pero mañana irán sin falta trece tomos y La guerra de los dioses, que
bien harías en quemarla, más bien que en darla a nadie, pues esas obscenidades
ensucian en donde están. Veremos si mañana soy más feliz que hoy. Se me
olvidaba. Tu tía Teresa está ahí, pues al pasar por allí la niña la vio, pues la
llamó ella y le dijo que me diese un recadito, y que no venía por aquí, porque
estaba sola la tía Pepa. Yo no salgo, pero aunque así no fuera no iría a verla.
Respecto a lo que me dices de comprar sillas para tu cuarto etcétera... nada
haré.
Murguía, ó respecto da enfermidade da que fala a súa muller, escribiría:
No conoció la tristeza, al menos en ese punto extremo en que tocando la
melancolía se torna una cosa dulce y triste a la vez. En ella la tristeza pasaba
todo límite y era angustia y opresión dolorosa o dolor acerbo. Sólo bajo ese
punto de vista decimos que no conoció la tristeza. Muchas veces en esas horas de
desaliento, en que la tristeza de las cosas llega hasta nuestra alma, me decía:
La tristeza no te duele como a mí. Y es que en ella todo era extremo, vivo,
intenso, y su corazón enfermo, saltaba dentro del pecho con una violencia y un
ruído que hacía estremecer. Por huir a ese dolor, se rasgaba sus propias carnes;
la ansiedad de acabar pronto le hacía más pesado el yugo de la vida. Tanto le
dolía el dolor, que siempre que hablaba de muerte deseaba que fuese de golpe,
como lo había sido la de su madre. Podía esperarlo así porque su corazón
amenazaba a cada momento romperse. Pero fue tal su desgracia, que la que deseaba
la muerte pronto tuvo que mirarla frente a frente dos años, para morir tuvo que
sufrir una agonía de tres días.
Outra carta, esta enteira, de Rosalía a Murguía
Mi querido Manolo: acabo de recibir el parte, que me alegró el corazón. Son
las once y media de la mañana, y ya empezaba a estar impaciente, pues desde
ayer, viernes, que le esperaba. Ahora, como esto no me satisface bastante, estoy
deseando recibir la tuya, para saber las particularidades del viaje, y qué
aposento has encontrado ahí.
Como aquí hace ahora muy buen tiempo, me estoy imaginando el sol de Madrid, y a
tí, paseando por todos aquellos lugares de que yo me hallo tan lejos. Te
confieso que paso momentos bastante tirstes, aun cuando los hermosos días que
están haciendo parece que me dejan respirar algo más libremente.
Ayer fui de paseo con Peregrina Compañel y con Tomás, y entramos en San Lorenzo.
Excuso decirte cuánto me acordaba de ti. Vi aquel patio plantado de bojes con
aquella fuente profunda y aquella Virgen de piedra, todo lo cual me ha dejado
encantada. ¡Qué silencio tan inmenso! Y tú nunca has querido llevarme allí! De
buena gana hubiera pagado una habitación en San Lorenzo para poder escribir en
aquel claustro. Es imposible que no saliese una cosa buena. En el calustro de
Conjo no se retrata un olvido tan completo como el de San Lorenzo. No parece que
han pasado por aquel convento treinta años de olvido, sino treinta siglos...
Hoy hace un día tan hermosos como el de ayer, y Tomás, Peregrina y yo cogeremos
de nuevo por el camino de Noya. Voy a estar muy triste. Cuando tú te vas parece
que me llevas la salud, pues vuelvo a hallarme sin apetencia, y hago malísimas
digestiones. Pero ya pasará. Te remito esta carta para que la contestes de
palabra. Recibe mi corazón.
Rosalía.
Con motivo duns artigos publicados en Los lunes del Imparcial nos que Rosalía
criticaba algúns costumes cos forasteiros en certos lugares de Galicia, choveron
sobre ela aluvións de críticas. Por entón, no 1881, escribulle outra carta a
Murguía, que estaba en Madrid como director de La Ilustración Gallega y
Asturiana.
Lestrove, 26 de julio de 1881.
Mi querido Manolo: Te he escrito ayer, pero vuelvo a hacerlo hoy de prisa para
decirte únicamente que me extraña que insistas todavía en que escriba un nuevo
tomo de versos en dialecto gallego. No siendo porque lo apurado de las
circunstancias me obligaran imperiosamente a ello, dado caso que el editor
aceptase las condiciones que le dije, ni por tres, ni por sies, ni por nueve mil
reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto, ni acaso tampoco a ocuparme
de nada que a nuestro país concierna. Con lo cual no perderá nada, pero yo
perderé mucho menos todavía.
Se atreven a decir que es fuerza que me rehabilite ante Galicia. ¿Rehabilitarme
de qué? De haber hecho todo lo que en mí cupo por su engrandecimiento? El país
sí que es el que tiene que rehabilitarse para con los escritores, a quienes aun
cuando no sea más que por la buena fe y entusiasmo con que por él han trabajado,
les deben una estimación y respeto que no saben darles, y que guardan para lo
que no quiero ahora mentar. ¿Qué algarada ha sido esa que en contra mía han
levantado, cuando es notorio el amor que a mi tierra profeso? Aun dado el caso
(que niego) de que yo hubiese realmente pecado, por lo que toca al artículo en
cuestión ¿era aquéllo suficiente para arrojar un sambenito sobre la reputación
literaria grande o pequeña de cualquier escritor que hubiese dado siempre
probadas muestras de amor patrio, como creo yo haberlas dado? No; esto puede
decirse sencillamente mala fe, o falta absoluta no sólo de consideración y
gratitud, sino también de criterio. Pues bien; el país que así trata a los suyos
no merece que auellos que tales ofensas reciben vuelvan herir la susceptibilidad
de sus compatriotas con sus escritos malos o buenos. Y en tanto, ya que tan
dañada intención han encontrado en lo que narré, para dar a conocer (y no para
alabarla ni censurarla) una costumbre antiquísima, y de la cual aún quedaba
algún resto en nuestro país, pueden consolarse leyendo la estadística por lo que
toca a cierta cuestión que han sacado a relucir ciertos periódicos
escandalizados con mi artículo. Si así arremetiesen contra la estadística sería
mejor, a ver si así lograban borrar, lo que es peor mil veces, que lo que en mí
han censurado tan bravamente.
Hazle, pues, presente al editor que, pese a la mala opinión que al presente
gozo, ha tenido a bien acordarse de mí, lo cual le agradezco, mi resolución de
no volver a coger la pluma para nada que pertenezca a este país, ni menos
escribir en gallego, de una vez que a él no le conviene aceptar las condiciones
que le he propuesto. No quiero volver a escandalizar a mis paisanos.
Los niños quedan buenos y ennegreciéndose cada vez más al sol; bueno es que
parece que han aplacado un poco sus ardores insoportables de esos días atrás.
Nada sé de lo que pasa por Santiago, ni un periódico logro ver de allá. Lo que
sí recibo diariamente es El Noroeste de La Coruña, que tienen la atención de
mandarme en lugar de El Clamor. Respecto de El Imparcial, lo recibo un día sí y
dos no. Variaciones de Correos.
Me llaman a comer. Recibe cariños de todos y tú sabes te quiere tu mujer.
Rosalía.
volver a: rosalía de castro
FONTES DE INFORMACIÓN:
"Follas Novas" , Rosalía de Castro, Edición de H. Monteagudo e Dolores
Vilavedra, Editorial Galaxia, 1993.
Especial Letras Galegas Ano 2000, Manuel Murguía, publicado polo xornal "O
Correo Galego".
"Galicia 2001", editado pola Xunta de Galicia.
www.letrasgalegas.org
|