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EL ABUELO
( Letra e música : Alberto
Cortez )
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I
El abuelo un día
cuando era muy joven
allá en su Galicia,
miró el horizonte
y pensó que otra senda
tal vez existía.
Y al viento del norte
que era un viejo amigo,
le habló de su prisa,
le mostró sus manos
que mansas y fuertes,
estaban vacías,
y el viento le dijo:
"Construye tu vida
detrás de los mares,
allende Galicia".
Y el abuelo un día
en un viejo barco
se marchó de España.
El abuelo un día,
como tantos otros,
con tanta esperanza.
La imagen querida
de su vieja aldea
y de sus montañas
se llevó grabada
muy dentro del alma,
cuando el viejo barco
lo alejó de España.
II
El abuelo un día
subió a la carreta
de subir la vida.
Empuñó el arado,
abonó la tierra
y el tiempo corría.
Y luchó sereno
por plantar el árbol
que tanto quería.
Y el abuelo un día
lloró bajo el árbol
que al fin florecía,
lloró de alegría
cuando vio sus manos,
que un poco más viejas
no estaban vacías.
Y el abuelo entonces,
cuando yo era niño,
me hablaba de España,
del viento del norte,
de la vieja aldea
y de sus montañas.
Le gustaba tanto
recordar las cosas
que llevo grabadas
muy dentro del alma,
que a veces callado,
sin decir palabra,
me hablaba de España.
III
El abuelo un día,
cuando era muy viejo,
allende Galicia.
Me tomó la mano
y yo me di cuenta
que ya se moría.
Y entonces me dijo,
con muy pocas fuerzas
y con menos prisa,
"prométeme, hijo,
que a la vieja aldea
irás algún día,
y al viento del norte
dirás que su amigo,
a una nueva tierra
le entregó la vida".
Y el abuelo un día
se quedó dormido
sin volver a España.
El abuelo un día,
como tantos otros,
con tanta esperanza.
Y al tiempo al abuelo
lo vi en las aldeas,
lo vi en las montañas,
en cada mañana
y en cada leyenda,
por todas las sendas
que anduve de España.
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Alberto Cortez, cantautor arxentino e neto de galegos, hoxe radicado en
España, escribiu un día esta canción que, aínda sendo eu pequena, non
podía escoitar sen que as bágoas corresen polos meus ollos.

Avelino Groba Prego
(Guláns, Ponteareas - Bos Aires, Arxentina)
O
meu avó, Avelino, como moitos tantos outros avós, non puido
tornar a Galicia. Pero, eu, tamén sei que vive en cada
pedra, en cada fonte, en cada camiño da súa aldea de Guláns.
Dedico
esta sinxela lembranza a tódolos emigrantes que un día deixaron a súa terra
e non volveron.
MBSG
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Alberto Cortez nos cuenta la historia del abuelo
"De alguna manera esta canción que viene es una historia de ida y vuelta. ¿Por
qué?, pues simplemente porque mi abuelo se fue de emigrante y después de casi
una vida yo, su nieto mayor recorrí el camino de regreso, ese camino que él no
pudo realizar a lo largo de su larga vida, a pesar de su inmensa nostalgia.
Murió a los ochenta y algunos años. Los hermanos Eladio y Germán García era
viajantes vendedores de empresas porteñas. Allí en Trenque Lauquen conocieron a
las hermanas Laburu, se enamoraron y después de un relativamente corto noviazgo
se casaron y se fueron a vivir a Buenos Aires.
La Argentina en aquellos años de principio de siglo era una esperanza que
ofrecía amplios horizontes para los jóvenes con ganas de trabajar y hacer
fortuna. Los hermanos García habían dejado España y especialmente Galicia ya que
esta “sua terriña” natal no podía ofrecerles más que una vida azarosa bastante
cercana a la miseria. Germán, Eladio y David, los tres hermanos García, se
embarcaron en Vigo, como todos los gallegos emigrantes con destino a Buenos
Aires. Al llegar se emplearon como viajantes en una empresa de tabacos y “El
abuelo” y su hermano Germán en uno de sus viajes de ventas a las poblaciones del
interior, conocieron, noviaron y se casaron con dos hermanas de origen vasco,
Doña Julia Laburu, mi abuela y Doña Leonor Laburu. Estas hermanas vivían con su
familia en Trenque Lauquen, hoy una floreciente ciudad de la provincia de Buenos
Aires.
Ya casados regresaron a la capital. Como en aquella gran ciudadano se veían las
cosas claras como para hacer dinero pronto Eladio, mi abuelo y su joven esposa
Julia emprendieron viaje hacia el oeste en busca de organizar un pequeño
comercio en algún pueblo de los que se fundaban aprovechando la riada de gente
que buscaba trabajo en el ferrocarril en construcción. Recaló primero en General
Villegas, ultima población de la provincia de Buenos Aires y allí las cosas no
le fueron del todo bien y como consecuencia de aquel fracaso, malas siembras y
peores negocios, desalentado, decidió internarse más al oeste.. Pero antes,
quiso con ayuda de sus hermanos regresar a Galicia con toda la familia y así lo
hizo. Nadie en la familia supo explicarme las razones de ese regreso.
Seguramente su exultante juventud de entonces más los fracasos s los que antes
hice referencia convocó una tormenta de dudas de que a lo mejor en España podría
salir adelante, pero no fue así.
Permaneció allí un par de años viviendo a expensas de la familia y en esa breve
estancia nació mi padre en Pungín provincia de Orense, una aldea a escasos
quince kilómetros de la capital provincial. Al año del nacimiento de mi padre el
abuelo su mujer y su prole volvieron a Argentina para no regresar jamás a
España. En realidad en la canción yo digo que nunca volvió a España sin embargo
como se ve no es totalmente cierto. Claro que este regreso no quise tomarlo en
cuenta, porque se produjo a muy poco tiempo de haber emigrado y por
circunstancias, por mi desconocidas. Ya de regreso a Argentina retomó su éxodo
hacia el oeste hasta llegar a una naciente población (apenas un caserío) que por
entonces se llamaba Villa Jardón en honor a la familia que había donado los
terrenos para su fundación. Más tarde las tendencias reivindicadoras de la
cultura indígena de la zona lograron cambiar el nombre de Villa Jardón por el
actual: Rancul. Allí se instaló comprando, siempre con ayuda de sus hermanos una
casa en la que muchos años después, el 11 de marzo de 1940 nacería yo. Montó un
negocio en donde se vendía de todo para la gente del campo. Como era un
nostálgico empedernido a pesar de las distancias y las todavía precarias
comunicaciones seguía muy de cerca todo lo que acontecía en España, su patria
lejana.
Según me contaban mis tías, cuando estalló la guerra civil española estuvo a
punto de dejarlo todo otra vez y regresar a alistarse en las fuerzas
republicanas, mas su familia, ya numerosa y la negativa de sus hermanos de
ayudarle en aquello lograron disuadirlo y tuvo que conformarse con seguir las
acciones desde lejos. Le afectó enormemente el triunfo de los nacionales de
Franco y aquello fue un golpe insuperable para él, tanto que prometió no
intentar volver jamás mientras viviera el dictador. Sin embargo pese a ser un
gallego de pura cepa y ejercer su galleguidad en casa siempre se habló
castellano a diferencia de mis abuelos maternos que en su casa, entre los
abuelos mi madre y sus hermanas se hablaba en piamontés. No me extraña que yo
haya salido con una cierta tendencia a la nostalgia. El abuelo era nostálgico y
tanto que cada vez que recibía “unto gallego ”.producto que yo odiaba
especialmente cuando por exigencias del abuelo se ponía un poco en la sopa, a él
se le mojaban los ojos con el sabor de su tierra lejana y a mi por mi negativa
de tener que tomar aquello.
Cuando se hizo muy mayor se convirtió en un viejo cascarrabias que volvía locas
a las mujeres de la casa exigiéndoles ahorros absurdos por minúsculos. La verdad
es que el abuelo fue lo que podríamos llamar un hombre desafortunado. Tenía al
parecer muy poca vista para los negocios pues todos los que emprendió fueron
rotundos fracasos. Al final lo único que dejó como herencia fue la casa familiar
y una especie de papelería, librería que se llamaba La Lira y que tía Matilde
una de dos hijas que viven aún y que ya pasó con cierta generosidad los ochenta
regentó hasta hace muy poco en que La Lira cerró sus puertas definitivamente.
En fin esta es a grandes rasgos la historia del abuelo. Sospecho que no es muy
diferente a la historia de muchos abuelos como el mío, auténticos héroes en la
formación y desarrollo de paises como en el que me tocó la suerte de nacer".
Fonte da información:
www.albertocortez.com
www.galespa.com.ar
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